El perfume asfálteno de los amorosos

Por Fabián Giles.

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El perfume asfálteno de los amorosos

11 de junio de 2021

El café de la mañana se prepara minuciosamente en la antigua y desgastada cafetera Heliora Petit. Mientras, la atmósfera y su inconfundible aroma son acompañadas por las notas y la trémula voz de Billie Holiday quien interpreta la hermosa pieza del año 1950 “East of the Sun, West of the Moon” (…Al este del sol y al oeste de la luna construiremos una casa de ensueño, solo tú y yo, siempre en un día, el amor no morirá, lo mantendremos en esa manera…). 

A diferencia de la letra que plantea un futuro prometedor en compañía de un amor idílico, para muchos la realidad no pinta color de rosa. Los tiempos de la pandemia han afectado en gran medida las relaciones sexo-afectivas de forma radical a causa de la distancia social. En un estudio publicado en la revista científica International Brazilian Journal of Urology, titulado "Impacto de la pandemia de Covid-19 en el comportamiento sexual de la población. La visión del este y el oeste” (otra vez el tema del este y el oeste…) se analizan los hábitos sexuales de países como España, Italia e Irán durante la pandemia. El resultado es evidente: el confinamiento ha provocado una transformación total en la forma de relacionarnos con los demás e, incluso, con la pareja, en caso de tenerla. Sin embargo, habrá que esperar un poco de tiempo para descubrir las consecuencias reales en las relaciones sexuales. Todo afecta: el trabajo desde casa, el aislamiento, la frecuente presencia de los hijos en casa, lo difícil que es poder ver cara a cara a los amigos y familiares, así como el temor al contagio que nos perturba como un nubarrón o una tormenta.

Afuera está nublado, aunque han sido días de altas temperaturas. Hubo tardes y noches con lluvias torrenciales que han causado estragos en lugares en los que el agua se ha abierto camino a su paso. Esto nos demuestra su perseverancia y resiliencia, pero sobre todo, que siempre podremos conseguir lo que deseamos.  Solo es cuestión de esperar con paciencia y tener en cuenta cómo el clima y el comportamiento humano también están interrelacionados. 

Con frecuencia, los amantes del frío y la lluvia son, también, amantes de los paisajes grises y melancólicos, del sol con un frío que calienta —pero no quema—, de saborear el café cálido, en oposición al frío que se asoma por la ventana. De subir la temperatura con el roce de otra piel. Quizás también sean amantes de los contrastes o de los aromas que provocan estas combinaciones y la química de los seres humanos, intrínsecamente relacionada con la de los elementos. Como los asfáltenos, que son partículas sólidas semicristalinas de color café o negro que contienen anillos condensados de hidrocarburos aromáticos. No son una especie química, sino una familia de compuestos que presentan solo un comportamiento global característico. La solubilidad de los asfáltenos, utilizados para crear el asfalto, es influenciada por la temperatura, lo mismo que ocurre en los cuerpos cuando hay un contacto físico-sexual previo al acto amoroso.

El sabor y aroma del café tan extáticos nos recuerdan que siempre vendrán nuevas mañanas después de pasar la noche entregados al amor sublime y profundo, cual flor de loto, que para el budismo significa la pureza del cuerpo y el alma. El agua lodosa donde se da esta planta se asocia con el apego y los deseos carnales. Como la versión de “Fast Love” de George Michael, la flor inmaculada que surge en busca de la luz es la promesa de pureza y elevación espiritual. También podría ser musical, ya que deja atrás la dicha efímera de la nada, tan ilusa como quien puede perder el mundo por dejar secar el mar. Eventos tan fugaces que suceden en la vida nos obligan a pensar en la infinidad de días y noches que asaltan la memoria, aquellos que centellean en una completa oscuridad. 

Estar en la fiesta eterna no es tan disfrutable como parece. Menos cuando eres el DJ que carga al mundo en sus espaldas mientras que el resto y su sombra están bailando al compás de la música. Y todo se vuelve tan necesario como los abrazos  para encontrar la calma en los tiempos de soledad, para que el perdón sea completo y la paz que se genere brinde confort. Nunca hay que quedarse con las ganas de darlos pues, entonces, te arrepentirás al decir: “Debí abrazarte más”. La distancia los impide, pero no imposibilita a los sentimientos. 

Por eso todo debe continuar. La aventura de esta vida sigue más allá de esa distancia y de las fronteras físicas. Nuestras acciones definen quiénes somos, no solo las palabras. Y bailamos descalzos al ritmo de esa canción de U2. Y esperamos a que el futuro nos alcance como en la película “Soylent Green” de 1973, donde Charlton Heston descubre que la ficción supera a la realidad, la cual nos golpea con su tragedia llena de comedia involuntaria. Aquella que nos acostumbra a lidiar con la soledad infundida por tantas y tantas horas de espera, de incertidumbre, de no tener claro cuándo llegará un mejor mañana. Sin miedo a ser libres, a despegar las alas hacia donde el destino te dirija. Porque en el futuro, amar también será un acto de rebeldía como lo fue antes de la era del internet, donde la inmediatez y la telepresencia nos han alcanzado. Y mientras tanto, la luna ilumina con sus rayos de ternura a aquellos otros que andan a oscuras, perdidos en la inmensidad de la noche cruel y eterna.

Sirvan estas analogías para explicar qué ocurre cuando el perfume, el asfálteno y la sensualidad de los amorosos se combinan con las palabras y la atmósfera para provocar una risa explosiva en la negra noche, la ligereza de ir con varias capas de recuerdos, dolores pasados y alegrías por venir. Beber hasta el último sorbo de esta taza de café mientras se escucha un sensual Rock & Roll como la versión unplugged de “En la Ciudad de la Furia” de Soda Stereo del álbum “Comfort” y “Música para volar”. Rareza o no, son placeres que no hacen daño a nadie. Toca disfrutarlos.

A yuyo del suburbio, su voz perfuma

Henry y Martha son vecinos, durante cuatro años él le ayuda a sacar su basura, gigantescas bolsas negras repletas de botellas de vino vacías. Hasta que un día, Martha desaparece.

Jara Mejía