Hacer algo con la plastilina y las cenizas

Por Lorena Huitrón Vázquez.

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Hacer algo con la plastilina y las cenizas

9 de junio de 2021

Hace tiempo llegué a la conclusión de que la palabra no salva. No pensemos a la literatura como un libro de superación personal que debe dejarnos una enseñanza para ser “mejores personas”. La literatura permite asomarse o bucear en las transformaciones del pensamiento de una colectividad, de un país, de una época. La literatura permite al escritor trastocar la realidad, incluso quemarla y hacer algo con las cenizas. 

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La literatura siempre muestra lo que ocurre en su tiempo: las guerras, la calma, la desigualdad, la violencia, el racismo, la misoginia. No siempre es explícita y no tiene por qué ser manifiesta. La omisión también es presencia. 

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No creo que la literatura cambie el mundo, pero sí creo que el lenguaje lo atraviesa. Ahora están pasando tantas cosas que no podemos eludir cuánto nos afectan. Eso se ve reflejado en lo que escribimos o, al menos, eso es lo que espero. Quienes escribimos no vivimos en un cubículo donde únicamente escuchamos nuestro pensamiento. Eso, además de ingenuo, es aburrido. 

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Cuando pensamos en un nosotros no hay que hacerlo como si viviésemos en un lugar sin habitantes. Lo que a mí me pasa también te puede pasar a ti. Eso hay que tenerlo en cuenta. Por ello, existen los temas universales. No hay que confundirlo con las supuestas verdades totalitarias que algunos buscan y resultan infructíferas. Eso también es aburrido. Y estéril. Partimos de un diálogo permanente con las cosas, nada concluye. Es como el polvo cuando barremos. Aunque lo hagamos todos los días, es persistente, inagotable. 

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Cualquier tema es pretexto para escribir. Tal como dije antes: no vivimos en una burbuja. Me interesa, por ejemplo, lo cotidiano, las minucias que puedan parecer anodinas, aunque nada a mí me parece insignificante. Es posible explorarlo y, también con él, es posible ver cuántas posibilidades hay de nombrarlo. Por ejemplo: el precio de las fresas subió casi diez pesos en dos semanas. El agua ha subido tres pesos en menos de un año y tenemos tandeos, es decir, cortan el servicio dos o tres días (se supone que hay un calendario, pero no se respeta, así que no queda de otra que revisar el tinaco todas las mañanas). La nueva Ley de outsourcing trae más desventajas que ventajas para aquellos que tienen un trabajo de oficina. Siete de cada diez desempleados en el país son mujeres. Palestinos contemplan sus viviendas destruidas. En Popayán, Colombia, quemaron un puesto de policía en protesta por el suicidio de una chica que fue violada por cuatro policías antidisturbios. Una familia trabajó en equipo para mover un pino que cayó por la tormenta de la noche anterior. No fue necesaria una sierra eléctrica. Al día siguiente, amanecieron adoloridos. Las cucarachas aparecen con mayor frecuencia al comenzar el calor. A las arañas les gusta guarecerse en las pinzas de colgar la ropa porque les gustan los tendederos. 

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La escritura nos permite cuestionar la realidad. No es un ejercicio que se haga mediante pasos de la “a” a la “d”. Lo miro como una barra de plastilina que moldeamos más de una vez: la primera forma no es la definitiva porque no nos gusta, o es el modelo de juego. Ese material será usado una y otra vez, y se usará para varias figuras: una manzana, un carrito, una muñeca. 

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Cada vez que duerme, la dama de cabello rojo le regala a Jorge los sueños que él desea. ¿Cómo es que tiene el control de ellos? Lee esta historia y conoce el peligro que nace cuando el destino y la ensoñación se juntan.

Guillermo Espínola