Hacer memoria

Por David Jáuregui.

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Hacer memoria

22 de julio de 2020

Dos hermanos miran el polvo en la banqueta. Garabatean bajorrelieves en la tierra suelta. Uno escucha música, el otro acaba de llegar. El menor y el mayor respectivamente. Ambos esperan a alguien que les cambiará basura por dinero, ―¿los desechos de uno son tesoros para otro?―. 

El menor está resentido por unos malos modos que el grande le ha tenido recientemente, quien por cierto ni se entera. El mayor, ingenuo, sin ver el resentimiento que esconde el otro tras sus auriculares azules, le pregunta si se acuerda de cuando el padre se jaló del otro lado, por allá cuando eran niños. 

Con un deliberado exceso de dramatismo, el menor reubica su mirada del suelo a su hermano. Alza la mano como si quisiera que se notara cada fotograma. Toma con delicadeza una de las orejas cian de sus auriculares y la recorre lentamente hasta detrás de su testa. Todo esto para decir: “No me acuerdo”. 

Después de un “haz memoria, pendejo”, los hermanos discuten. La partida del padre, más allá de suscitar nostalgia o rencor, ahora crea discordia. Uno dice que era muy chico para recordar; el otro le contesta que no sea tarado, que bien se acuerda. Probablemente el menor sólo está aferrado a no concederle nada a su hermano, aunque sea cierto que era muy pequeño para tener memoria del primer día en que el padre se fue del otro lado. Lo único que recuerda es que nunca volvió. 

Del recuerdo nace la ausencia que duele ―¿olvidar para sanar?―. Lo que se recuerda todavía puede lastimar. Pero hacer memoria de cuando en cuando es necesario. Revivir lo que alguna vez significó algo o se sintió como mucho. Hacer memoria es eso, recordar, acudir a la memoria para pedir imágenes y palabras que ya no existen. 

Como en todo, hacer memoria tiene otros ángulos que recordar. De entrada, la psicología y la psiquiatría contemporánea pusieron en entredicho qué tanto se puede confiar en la memoria. Según argumentos recientes de estas disciplinas, los recuerdos no son imágenes verosímiles de lo que pasó, sino los fragmentos que conservamos (o mejor dicho, que hemos podido conservar) de ellos. 

Cada vez que los consultamos, se van borrando más partes, que a su vez el cerebro rellena con lo que puede. Entonces, las “memorias” (o recuerdos) son collages de lo que pasó, lo que conservamos intencional y sentimentalmente y lo que el cerebro inmiscuye. Así, al “hacer memoria” también se están creando nuevos recuerdos: de nueva cuenta se están haciendo memorias

Por su parte, en la vida cotidiana se crean recuerdos constantemente. Uno puede buscar la situación, las personas, el lugar para “crear recuerdos inolvidables”. O sin ir tan lejos, cualquier experiencia vivida con una carga emocional considerable, será más probable que el cerebro la recuerde después. El uso del “hacer memoria”, entonces, es también uno a futuro. No es voltear a los recovecos del pasado, sino crear nuevas piezas para su acervo.

La visión católica va en ese sentido, es una visión a futuro y, sobre todo, una visión que implica al lenguaje en su concepción más austiniana: las palabras pueden hacer cosas al tiempo en que se dicen. Hacer memoria de Dios significa traer a cuenta, hacer, los ritos que hacía Jesús en vida: la Eucaristía. En la última cena se instituyó consagrar el pan ácimo y el vino amargo, dar gracias. Cada que se celebra una misa, se revive ese momento sagrado en que Jesús dio su sangre y cuerpo a comer, para tener vida eterna. Hagan esto en memoria mía, les dijo a sus apóstoles.[1] Hacer (en) memoria. 

En esta misma tónica, otro significado proveniente de la religión es el hacer memoria de los que no están a la mesa. Esto implica que el maestro no debe ser figura autoritaria y suprema, sino ponerse al nivel de sus aprendices, incluso más abajo, para realmente vivir en el amor. Por eso Jesús invita a ver las cosas desde un ángulo nuevo, del de los olvidados que no comen con los de arriba: son los que lavan los pies de los comensales. Hacer memoria, pues, también significa el servir al prójimo, estar al nivel de todos.[2]

Después del paréntesis casi catequístico, vale recordar un último argumento desde el lenguaje. Una corriente colectivista de la psicología considera al lenguaje, pensamientos y memoria como una creación constante y, sobre todo, colectiva. Es decir, estos tres elementos no son cuestión individual (en la cabeza de uno), sino un solo producto construido por todos los miembros de la sociedad. Y también está en cambio constante, en lugar de tener una forma inamovible.[3]

El lenguaje, según esta corriente, es completamente social y, asimismo, es la base de los pensamientos. En este sentido, sin palabras es imposible pensar. Y la memoria, finalmente, es un archivo de hechos que se guardan en la cabeza, un archivo que a su vez está construido con el lenguaje. Entonces, esta santísima trinidad ―lenguaje, pensamiento y memoria― se encumbra en la santísima frase. El usar las palabras, el lenguaje, evolucionarlo, es al mismo tiempo fincar las bases del recuerdo. Hablar es hacer memoria.[4]

Háblame, carnalito, haz memoria, le dice el mayor al otro. Mira, bro, te digo que te acuerdes porque me jalo del otro lado. Haz memoria, güey. Deja de hacerte menso con los audífonos. Es más, desconéctalos. Pues porque estamos hablando, no seas así. Mira, escúchame: me voy del otro lado. Voy a cruzarme del Distrito al Estado, de la Gustavo A. Madero a Ecatepec. No le hagas caso a lo que susurran, esas son puras jaladas. De toda línea se dice que está peor al cruzarla. 

Te regalo este disco pa tu walkie. No seas mamón, ya nadie escucha discos, le responde el menor finalmente. Pues ponlo en el estéreo o descárgalo en Spotify, qué se yo. No te olvides de la mierda que hemos vivido en estos meses. Recuerda que esta pandemia nos hizo pomada. Y que los recuerdos sirvan a los demás. Mientras ven al camión recolector llegar, el mayor dice con un ligero tono divino: Ponte los audífonos y escucha. Haz esto en memoria mía. 


[1] Paiement, Guy. 1981. “¿Qué significa ‘hacer memoria’?” (Original en francés Que signifie «Faire mémoire»?), en Prêtre et pasteur, 84 (94-102): 94 [2] Ibíd., 95-6. [3] Mendoza García, Jorge. 2017. “Otra idea de mente social: lenguaje, pensamiento y memoria”, POLIS, vol. 13, núm. 1 (13-46): 15-23. [4] Ibíd., 33-44.

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