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Orquesta manual. Parte III

Orquesta manual. Parte III

En toda mano hay una parte que suele pasar desapercibida. Cuando se habla de “mano”, se habla del conjunto de dedos o de la extremidad tomada por entero. Lo que, sin embargo, se ignora es la fascia palmar (o “aponeurosis palmar”), esos músculos que envuelven los metacarpos y forman el recuadro que de un lado se llama palma y del otro, dorso. El pulgar se ha entronizado como un motor de la evolución humana ―la posibilidad de agarrar ofrece copiosas ventajas frente a otras especies―, pero de poco serviría un dedo tal sin la estructura que le permite estar en un ángulo recto con los demás dedos. Si, por ejemplo, el pulgar estuviera a la altura y en la dirección vertical del índice, quizá nos habríamos perdido algunas supuestas virtudes del progreso, como la agricultura, la tecnología, los videojuegos o la masturbación...

Orquesta manual. Parte II

Orquesta manual. Parte II

Los niños se miran desconcertados, pero se alcanza a percibir la falsedad de sus gestos. El gato se fue y ellos inanes. Nadie, al parecer, moverá un dedo para encontrarlo. Eso es una señal de que no hay problema, piensa el desgarbado; seguro vuelve el pinche animal. Le viene el impulso de por lo menos mostrar un poco de cortesía: abre la puerta principal de la casa, desde el camino de grava otea la calle oscura, le levanta las cejas a su hermano, quien está en la banqueta, y regresa adentro. Apenas cierra, descubre su soledad en la sala de paredes altas...

Orquesta manual. Parte I

Orquesta manual. Parte I

Los dedos inquietos tamborilean en el reposabrazos. Tap tap tap. En cada impacto buscan abandonar un poco de ansiedad, pero es ese mismo ciclo el que la genera. Le recuerda que vino a dotar sus manos de sonido. Insiste en que venía a conseguir clases de electrónica, no a embrollarse en un lío, como dice la niña, de un par de codependientes inseguros. Sin embargo ahí sigue, cuidando a los gemelos que están a deshoras fuera de cama, mas no pueden subir a sus cuartos, pues los padres tienen ocupado todo el piso de arriba. Desde allá, el gato observa...

Alcanzar el clímax

Alcanzar el clímax

La sala alcanzó el impase al que toda cumbre suele llegar. Seis cuerpos y medio que miran hacia ese punto de la pared que de pronto se vuelve interesantísimo. Está el tipo desgarbado, que vino a pedir que las transmisiones de electrónica reiniciaran. Traquetea sus dedos en el reposabrazos del sofá, el cual acordó con el profesor podía ser su asilo temporal. Después de que la policía lo confundiera con un ladrón y de un breve intercambio de presentaciones, el joven le pitcheó una idea tan exquisita que le ofreció incluso alojarlo para que la desarrollaran...

Interdependencia

Interdependencia

Ya me quiero dormir porque el bicho me despertará a las cinco, pero estos no se callan, piensa la niña en la cocina. Siente cómo su padre se cuelga de ella: sin decirlo, le suplica que no se vaya, que no quiere quedarse a solas con el tipo desgarbado. Ella, por su parte, se cuelga del gato. Cada que intenta bajarse de su regazo, lo detiene y vuelve a sentar, a cambio de ligeros masajes en la coronilla. El peludo ronronea contento. Todos esperan a la madre. Al parecer, un incidente con el otro hijo, el gemelo, la perturbó insondablemente, llevándola al grado de necesitar con urgencia vomitar el secreto. A pesar de la separación, el padre sigue siendo su bastión de confianza y llantos intempestivos, por lo que le pidió con un mensaje parco y un sticker gatuno que la recibiera lo más pronto posible...