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Llover sobre mojado

Llover sobre mojado

Mientras baja los siete pisos de escaleras y luego la rampa que lleva al cuarto subterráneo de lavado, se angustia más con cada paso. Alcanza a entrever pocos fragmentos del lienzo gris que sostiene la pequeña ciudad, pero bastan para decirle que tomó una mala decisión. Más tarde lo comprueba, cuando en la azotea comienza a sentir las gotas sobre sus hombros. Después de esperar dos horas a que toda su ropa estuviera lavada, la subió los nueve pisos, incluyendo la rampa y las escaleras, a la azotea, cargando un cesto repleto de ropa empapada y levantando las piernas con pesadez. Se lastimó la espalda al dejar el canasto en el suelo para abrir la puerta, en un tirón que volvió a dolerle cuando levantó la chingada ropa...

Apofenia

Apofenia

Dicen que si unes las suficientes letras, formas una palabra y, conectando varias de ellas, construyes una oración. Así se desarrollan las ideas en el papel, en una concatenación de bloques semióticos, a la que se le imbuye de un sentido global. Y de esa raíz, precisamente, nace el espíritu de los munch-ips: conectar ideas, temas, géneros. Los munch-ips son un espacio para experimentar con todo esto, teniendo como referente la curiosidad del momento. Así, estos “cachitos de curiosidad”, conectan puntos que parecieran tener poco que ver. Es la apofenia...

Un clásico

Un clásico

Aquí hay tres escenas presentes en lugares cotidianos, que cualquiera ha vivido y que hicieron insoportable la idea de acercarse a historias del pasado. Libros, sí, pero también arte en general. Tres plantillas de conversaciones, con tres ideas de cómo, en su repetición hasta el hartazgo, han distanciado a los clásicos no solo en el tiempo, sino también en los gustos, comidillas y, ultimadamente, de las pilas de lecturas pendientes en los burós...

Sin punto

Sin punto

Los puntos dan término a los textos. Sin importar cuán largos sean. La extensión de las oraciones resulta despreciable frente al poderío del punto. En tanto haya una idea que finalizar, interrumpir, no importa cuántas palabras la compongan; puede ser una concatenación de frases que sumen una, compuesta por una ilación quizá innecesariamente distendida, y no habrá problema. O una corta. Y tampoco. El signo sin dimensiones es capaz de parar en seco a cualquier envergadura de lenguaje. ¿Por qué necesitará, entonces, tantos puntos en su pelaje el ocelote del zoológico?, se pregunta...

Burbuja de papel

Burbuja de papel

Se mira la herida en el nudillo. Está podrida y petrificada, un volcán de aspereza. Su hurón la mordió hace más de dos meses, pero una vez tras otra ha reabierto su pulgar. La pústula calcárea está justo en la intersección de sus falanges, por lo que los doblamientos del dedo —cada typeo en su teléfono, cada sostener de una pluma— también le estiran la carne. Hinchada, la burbuja cierra la vista. Es un velo castaño, aunque tan transparente y profundo que roza el azul. Solo le permite ver lo que ella piensa, saber lo que siente y, sobre todo, únicamente le deja entender lo que hay dentro de ella misma. Poco importa que sean traslúcidas: las burbujas opacan la mirada...