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Fuera de lugar

Fuera de lugar

Hace demasiado calor. Parece una canícula retrasada (o anticipada, a todo esto) que, intempestiva, se encarga de crear el sudor que está entre su espalda y la silla. La piel de ambas se despegan con la lentitud insoportable de quien se burla. Los movimientos son flemáticos, soporíferos. Y este calor le molesta más, pues carece de sentido: no hay canícula y no es temporada de calor. Llovió anoche, claro, pero tampoco es para tanto. Hoy su hijo, el gemelo que le toca cuidar, se desmayó jugando futbol. Iba corriendo cuando, sin mayor aviso, se detuvo unos instantes desorientado, endeble, para luego caer como costal de legumbres al suelo. Por la posición en que su cuerpo inerte cayó en el cemento abrasador, le marcaron fuera de lugar...

Las reglas del juego

Las reglas del juego

Una vez más, estuvo ocupada todo el día y a pesar de eso no logró hacer nada. Los hilos de ideas e inspiración que tanto le cuesta agarrar, fueron trozados en varias ocasiones. A éstas ni siquiera les puede llamar interrupciones porque es su labor atenderlas. La llamada para esto, la llegada de aquel paquete, el mensaje de no sé quién. Estando en casa, por supuesto, se añaden las disrupciones domésticas: subir la ropa para aprovechar las dos horas de sol, cocinar porque si no muere de hambre, bajar en chinga la ropa porque comenzó a llover. Todo esto para que ella pudiera realmente sentarse a teclear a las nueve y media de la noche. Mientras indica con sus dedos cuál letra quiere que aparezca en la pantalla, se imagina que el teclado es un campo enorme de whac-a-mole...

Abrir el broche de oro

Abrir el broche de oro

El colchón sin base a veces es más cómodo de lo que parece. Estar más lejos del techo y del cielo da perspectiva sobre qué tan bajo está el suelo. Él está tirado en esa media cama, separado del piso por unos cuantos centímetros, a pesar de sentirse en un planeo como de hoja de papel cayente. Flota en esa hamaca aérea más por buscar anestesiarse que por estar feliz. Eso de tirarse en la cama cuando se siente mal es para buscar un lugar seguro que no encontró fuera de su cuarto. Está herido, enojado, decepcionado. Y no lo sabe, o cuando menos no con esas palabras, pues en su pecho solo alcanza a formular dos vocablos: “mal” y “raro”...

Hacer memoria

Hacer memoria

Dos hermanos miran el polvo en la banqueta. Garabatean bajorrelieves en la tierra suelta. Uno escucha música, el otro acaba de llegar. El menor y el mayor respectivamente. Ambos esperan a alguien que les cambiará basura por dinero, ―¿los desechos de uno son tesoros para otro?―. El menor está resentido por unos malos modos que el grande le ha tenido recientemente, quien por cierto ni se entera. El mayor, ingenuo, sin ver el resentimiento que esconde el otro tras sus auriculares azules, le pregunta si se acuerda de cuando el padre se jaló del otro lado, por allá cuando eran niños...

Biblioteca digital

Biblioteca digital

Apenas unas pulgadas de pantalla son suficientes. Puede fijar su vista en ella y recibir lo que le mandan del otro lado del portal. Eso es suficiente para entretenerlo varias horas. Ahora ve a su creador de confianza. Es un cuarentón un tanto soso, pero con bastante encanto para conversar de electrónica. Todos los días a la misma hora lo escucha platicar y reírse de cosas que a él también le interesan. La transmisión de hoy está siendo más atropellada que de costumbre. Una niña, quizá la hija del presentador, interrumpe el programa para preguntarle algo a la pantalla. El padre primero quiere alejarla, pero pronto desiste: prefiere volverla una invitada especial de su programa y la anima a hablar con la audiencia...