CERRAR X

Hasta la madre

Confesiones de una madre

¿Te puedo confesar algo? ¿Me prometes no pensar mal de mi?, ay, qué nervio, esto nunca se lo he dicho a nadie pero, DETESTO EL DÍA DE LA MADRE.

Sí, así como lo oyes, sé que es políticamente incorrecto, que mis hijos se quedarán todavía más años en terapia pero no puedo aguantar más, seguir con la farsa año con año; fingir un rostro de ternura en el festival escolar, pretender que el llavero de fieltro que se cae a pedazos es, justamente, el regalo que estaba esperando.

Madre ssss 1,2,3, comenzamos

Sabes que vas tarde, el festival comienza dentro de 15 minutos y todavía debes recorrer 6 kilómetros, vaya, ni con helicóptero. Llegas en “safe” pero tus pequeños que, seguramente te han estado buscando con la mirada desde el escenario improvisado en el patio de la escuela, no están conformes, debiste haber llegado antes. Tu hija, la puberta, te barre con la mirada, otra vez la regaste y no te vestiste acorde a sus gustos. El sonido del festival, falla, como todos los años, como en todos los colegios. A las tres canciones, comienza el tráfico de kleenex. Revisas el programa impreso en papel reciclado pues es un colegio ecológico y cuentas cuántas canciones más para que termine.

Mientras escuchas las letras que hablan sobre la ternura de las madres, observas la lucha acalorada entre varias de ellas por obtener el mejor lugar para fotografiar a sus críos. Hay codazos y  empujones, comienza a valer la pena haber venido.

Siguen los festejos

Luchas entre los coches, avanzas dos kilómetros en 45 minutos, llegas al restaurant, esperas una eternidad por una comida tibia e insípida, recibes una rosa a punto de marchitarse del mesero, como a todas las “madresitas”, la metes distraídamente (¿será?) en tu bolsa. Escuchas, como todos los días, las discusiones entre tus hijos; les suplicas que le paren, que es el día de la madre, que no es posible que aún en ese día no te puedan regalar un poco de paz. Eres invadida (hasta la nausea) por la canción de Denise de Kalafe, piensas en su mamá.

Llega el padre de tus niños, de malas y tarde, quejándose del tráfico. Lo miras con ojos asesinos, hay que buscar al culpable, él te hizo madre. Miras las mesas a tu alrededor, te topas con la mirada cómplice de las otras mamás. Nos reconocemos mutuamente, lo sabes. ¿Por qué seguimos fingiendo? ¿Por qué no nos rebelamos? Pero sabes que el próximo 10 de mayo será igual.

¿Te interesa saber de que manera educar para crear hijos tiranos?

¿Quién escribe?

He estudiado música, comunicación, teatro, literatura, cine y filosofía. He trabajado en Relaciones Públicas, cine, en la creación literaria y como maestra de preparatoria.
Soy una profunda creyente del poder de las historias para sanar cualquier herida.