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Nuestro Monstruo Guardián

Del Toro

por CBR

Guillermo del Toro (parte 1 de 2 )

Hoy su nombre es sinónimo de las producciones más cuidadosas y artísticas de Hollywood que, irónicamente, se han realizado con presupuestos muy reducidos; hasta la fecha, cada cinta terminada, a decir de sí mismo: “Es un recuento de un sin fin de fracasos”. He aquí algunos momentos clave que forjaron el espíritu de este enorme director mexicano que ya «se habla de tú» con los más grandes «monstruos del cine» y que explican por qué tiene tan buen sentido del humor y es tan generoso con los jóvenes talentos.

Del Toro en su casa-galeria.

Guadalajara, Jalisco, 1970

Un niño lleva más de una hora escondido en un clóset. Previamente se ha disfrazado de vampiro — se ha pintado la cara, se ha puesto ojos, dientes postizos — y se ha enfundado en una larga bata negra que lo hace sudar copiosamente; pero eso no lo hace desistir de su objetivo y permanece paciente, inamovible, sin emitir el menor ruido. Por fin, su hermana menor sale al paso y él salta emitiendo un gemido de ultratumba.

Por travesuras como esa, su devoción a las obras de terror — libros y películas — y por dibujar escenas fantasmagóricas, el niño Guillermo era castigado de forma severa por su abuela: a los 4 años de edad ésta le ponía corcholatas en los zapatos «para que sangres y así pagues con tu dolor a Jesús, quien murió por nuestros pecados — justificaba la anciana — ; si no, arderás en las llamas del Infierno».

Del Toro Halloween

Guillermo de niño espantando a su hermana (archivo familiar)

Oscura y sangrienta

Del Toro pasó parte de su infancia en una vieja casona colonial, con largos pasillos y enormes habitaciones, algunas de ellas vacías o ruinosas. Ese ambiente, más el estricto catolicismo de su abuela, fueron forjando su monstruosa imaginación llena de personajes grotescos y terroríficos: «La Iglesia católica mexicana es la segunda más sangrienta y escabrosa en las representaciones anatómicas, sólo después de la filipina (confesó muchos años después, durante el Festival Lumière de Lyon, Francia). Me llevaban a ver a un Cristo en la iglesia con una fractura ósea expuesta, entre verdosa y morada, con detalles horrendos de sus heridas, producto de la tortura previa a su crucifixión. […] Mi abuela intentó exorcizarme dos veces para que yo dejara de dibujar fantasmas y de pensar en ellos. Pero gran parte de lo que soy se lo debo justo a ese catolicismo oscuro que intentaron meterme en la cabeza».

El pacto secreto

Del Toro niño

Del Toro niño (archivo familiar)

Ese niño también pasaba mucho tiempo solo en la biblioteca de su casa en la que había, sobre todo, libros de biología, anatomía, antropología y arte, además de una enciclopedia médica: «Muy pronto me volví hipocondriaco porque todas las enfermedades que veía ahí descritas sentía que las padecía. Pensaba “tengo triquinosis porque el otro día comí puerco; o cirrosis, porque me duele ahí donde está el hígado”. Cuando llegaba mi madre le gritaba aterrado “¡Tengo un derrame cerebral!”, sólo porque me dolía la cabeza».

«De pequeño también tenía sueños lúcidos. Abría los ojos, pero seguía soñando. Miraba a mi alrededor y había cosas animadas en las estanterías y debajo de mi cama. Pronto esos “monstruos” me acompañaban a todas partes. Como de noche debía cruzar un gran pasillo oscuro para poder ir al baño, las visiones me empezaron a dar terror. Así que hice con pacto con ellos, con “mis monstruos”, les dije que si me dejaban ir al baño sin espantarme yo siempre los recordaría y dibujaría y haría historias con ellos, así fuera en secreto».

Dibujos

De los diarios de Del Toro con sus dibujos de producción.

Primera vez en el cine

Cine

The Samuel Goldwyn Company (1939)
  • “Curiosamente la primera película que recuerdo fue Wuthering Heights  — Cumbres borrascosas — (1939), de William Wyler, con Merle Oberon y Laurence Olivier. Me llevó mi mamá muy pequeño a un cine que se llamaba Park y me quedé dormido. Despertaba, veía fragmentos de la película y me volvía a dormir; pero se me quedó grabada la estética gótica de la película al grado de que me marcó de por vida. Aún no me explico por qué una película tan vieja aún se proyectaba en los cines de los años 70”.

 G. T.

Super 8

Guillermo del Toro Gómez nació en Guadalajara, Jalisco el 9 de octubre de 1964. Su afición por el cine le vino en parte por su madre (Guadalupe ), quien era actriz  — encarnó a la mismísima Herlinda, en la célebre Doña Herlinda y su hijo (1985), de Jaime Humberto Hermosillo — , pero sobre todo porque al cumplir 8 años de edad, su padre (Federico) le regaló una cámara Super 8  — que en origen sólo servía para proyectar cortometrajes — , con la que Guillermo se las ingenió para grabar sus primeras historias, protagonizadas por sus juguetes y por todo tipo de objetos que tenía a la mano.

Uno de sus cortos incipientes muestra a “un jitomate asesino que deseaba dominar al mundo”; éste logra matar a toda la familia de Guillermo y, al salir a la calle, es convertido en puré por un carro que iba pasando: “Luego de grabar varios rollos, llevarlos a revelar a la farmacia, esperar una semana a que estuvieran listos y luego ver eso proyectado en formato de cine  — grabar en video carece de esa experiencia— fue adictivo. La búsqueda de ese placer es lo que me mantiene haciendo cine”.

Cuando Guillermo terminó el bachillerato, su padre intentó integrarlo al negocio familiar  — la venta de coches usados— , pero él decidió inscribirse en el Centro de Investigación y Estudios Cinematográficos, de la Universidad de Guadalajara.

adolescente

Del Toro adolescente (archivo familiar).

Necropsia

Aunque a los 19 años filmó el noveno cortometraje que le dio cierta relevancia en el medio cinematográfico — Doña Lupe (1984) — Guillermo, en lugar de continuar filmando, prefirió especializarse en maquillaje y en la producción de efectos especiales, así como en ser asistente de otros directores. Tuvo la fortuna de ser alumno — entre otros — del legendario Richard Emerson Smith (1922–2014), quien fue responsable del maquillaje y los efectos en cintas como The Godfather, The Exorcist, Taxi Driver y Scanners — por mencionar algunas.

Tal fue su devoción al stop motion y a la producción de efectos, que fundó  — junto con Rigoberto Mora —  una empresa para dedicarse sólo a ello: Necropsia, que se encargó del maquillaje y los trucos de filmación de cintas como Mentiras piadosas (1989), Goitia, un dios para sí mismo (1989), Morir en el Golfo (1990), Cabeza de Vaca (1990), entre otras. En el fondo, esta empresa era sólo el preámbulo para, algún día, realizar su primera película.

Sin embargo, un día entraron a robar a su casa-taller y los ladrones, no sólo saquearon todo su equipo, sino que destruyeron una obra de stop motion en la que llevaban años trabajando. Eso definió una de las constantes que ha caracterizado la carrera de Guillermo: aprender de la adversidad y adaptarse a las circunstancias. Por ello, tuvo que abandonar las producciones externas, la animación y dedicarse de lleno a su propio cine.

cine

Con Rigoberto Mora (izquierda) socio que ayudó a Del Toro a fundar Necropsia 

Continuará…

No te pierdas la segunda parte. 

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