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Freddie Mercury: la voz del Paraíso

segunda de dos partes

El «primer» videoclip de la historia

En origen el ahora célebre video de «Bohemian Rhapsody» sólo lo idearon como un material promocional de la canción: al durar casi 6 minutos y con esa estructura tan experimental, temían que llegara aburrir o que no tuviera el suficiente éxito. Elton John fue de los primeros en escucharla y exclamó: «¡Cómo van a lograr que transmitan eso en la radio! ¡Es eterna!». Pero el DJ Kenny Everett logró conseguir una copia para su programa, la misma que repitió 14 veces en sólo un fin de semana a petición del público. 

Queen II (1974)

Pero eso no era suficiente. Así que, como la TV era lo que mejor les había funcionado, decidieron filmar un «video» con el grupo interpretando la canción: así de simple. Retomaron el concepto visual de su portada en Queen II (1974) —las cuatro caras sólo iluminadas por una luz superior— para la parte de los coros y los «efectos visuales» se lograron con sólo enfocar la cámara frente a un monitor: eso daba el efecto de replicar las imágenes hacia el infinito. 

Sin proponérselo, Queen volvió a hacer historia: ese video ahora se considera «el primer videoclip» porque sentó las bases de cómo se debían conceptualizar. Aunque desde 1930 Carlos Gardel ya se había filmado mientras cantaba, el video de Queen fue editado respecto al ritmo y los cambios en la melodía, lo que volvió a la canción aún más icónica ¿Quién no piensa en esos cuatro rostros en cuanto se escucha la frase: «Is this the real life? / Is this just fantasy? / Caught in a landslide, / No escape from reality…»?

It’s a Hard Life

En aquél entonces, Freddie tenía una relación estable con Mary Austin —a quien dedicó «The Love of My Life» y con quien mantuvo una profunda amistad—; pero empezó a cambiar a las admiradoras por atractivos hombres en los camerinos; sus compañeros estaban conscientes que el cantante no era el mismo chico tímido del comienzo, pero nadie lo cuestionó: Freddie era quién era y ellos siempre lo apoyaron de forma incondicional. 

Finalmente, si no fuera por su entusiasmo y «alocadas ideas», ellos no hubieran llegado ahí.

Mercury jamás fue amigo de la prensa musical —de hecho, la prensa siempre trató muy mal al grupo— y Freddie era muy celoso de su vida personal. Sus pocas declaraciones enojaban en igual medida a los recatados que a los radicales. Una de las anécdotas más célebres al respecto es cuando en el estudio Wessex, mientras Queen grababa «We Will Rock You», Mercury se topó a Sid Vicious de los Sex Pistols, quien le espetó al vocalista: «¿Así que tú eres ese ‘Freddie Platino’ que llevará el ballet a las masas?»; a lo que Mercury respondió: «Ah, el Señor Feral… Sí, lo estamos intentando lo mejor que podemos, querido». Vicious intentó golpearlo, pero a Freddie sólo le bastó un empujón para sacarlo de combate. El único «espectáculo» que le importaba a Mercury era el que montaba en los estadios, ante cientos de miles de personas.

But it’s been no bed of roses, no pleasure cruise. 

I consider it a challenge before the whole human race,

and I ain’t gonna lose”

«We Are The Champions»

Who Wants to Live Forever

Wembley, 12 de julio de 1986

A la mitad de uno de los conciertos más memorables —parte de su Magic Tour—, ante más de 72 mil personas, Mercury hizo una pausa para comentar: «Ha habido unos rumores sobre cierta banda, llamada Queen; dicen que se van a separar, ¿ustedes qué opinan?». 

El público responde de forma atronadora y Mercury se agacha de espaldas hacia el público: «Hablan desde aquí» —señalándose el culo—. Y concluye: «Estaremos juntos hasta la muerte. Tengo esa certeza». ¿Fue coincidencia que justo después de esa declaración interpretara «Who Wants to Live Forever»? ¿Tenía el presentimiento de que no le quedaba mucho tiempo?

Las giras de Queen fueron apoteósicas. De hecho, su participación en Live Aid (1985) se considera la mejor actuación de todos los tiempos de una banda de rock. Queen llenó —varias veces— los principales estadios del mundo. Los cuatro integrantes eran conscientes de lo fundamental que era tener canciones que permitieran una interacción plena con el público. 

Mercury se volvió un maestro en interactuar con más de 100 mil personas, involucrándolos en las canciones, no sólo coreando, sino ejecutando ejercicios vocales complejos. Al principio, Mercury tocaba el piano en todos los conciertos, pero después le dio prioridad a estar frente al público, animándolos con sus poses y bailes, con sus improvisaciones y, sobre todo, con su poderosa presencia, la contagiosa intensidad de su voz. De sólo verlo levantar el puño y el pecho, cualquiera se sentía renovado. David Bowie, el «camaleón» del glam rock, dijo al respecto: «Freddie llevó más lejos que cualquiera la teatralidad del rock. Siempre admiraré a un hombre con mallas que pueda emplear así un cliché a su favor».

There’s a rumour going round. 

I got a clear outta town, 

yeah I’m smelling like a dry fish

«Stone Cold Crazy»

I Want to Break Free

Desde principios de los años 80, Mercury se dejó crecer un grueso bigote —en parte para ocultar sus dientes pronunciados, que jamás se quiso operar por temor a que eso alterara su forma de cantar— y a usar chamarras de cuero y pantalones de mezclilla. En sus conciertos, conforme aumentaba la intensidad de sus ejecuciones, se iba quitando la ropa hasta quedar sólo en shorts

A la par comenzó a organizar fiestas extremas que incluían: desde enanos con bandejas llenas de cocaína en la cabeza, hasta orgías al estilo de Sodoma y Gomorra. Pero eran tiempos peligrosos para incurrir en esa liberación sexual: el VIH-sida era una enfermedad poco conocida, pero cuyos estragos ya empezaban a revelarse. El misterio y la poca información disponible hizo que el contagio se saliera de control. En 1987, un año después de su última gira con Queen, Mercury fue diagnosticado como seropositivo.

Freddie negó haber contraído la enfermedad y tampoco le dijo nada a la banda. Como entonces los tratamientos aún eran experimentales y no había ninguna certeza de que funcionaran, Mercury prefirió dedicar el tiempo que le quedara a escribir y grabar canciones con el grupo. Ellos sospechaban que algo lo afectaba, pero jamás lo cuestionaron. 

Para septiembre de 1991, Freddie ya no pudo grabar más. La prensa, por su evidente deterioro físico, lo presionó para que admitiera su enfermedad. Pero el cantante no quería ser un vocero del sida, pese a que hacía cuantiosos donativos a la investigación médica del VIH. El día previo a su muerte emitió un comunicado en el que confirmaba su padecimiento e invitaba al público a combatir la enfermedad con información y prácticas preventivas. El 24 de noviembre de 1991, falleció de una bronconeumonía. 

Mama

Just killed a man

Put a gun against his head

Pulled my trigger, now he’s dead

«Bohemian Rhapsody» 

This Could Be Heaven…

En Montreux, Suiza, al pie de los Alpes, junto al lago Ginebra, se levanta la estatua de un hombre con el puño en alto. Una placa lo describe con una simple frase: 

«Freddie Mercury

Amante de la vida. Cantante de canciones.

(1946-1991)».

El epitafio, escrito por Brian May, resume la forma en que vivió: al máximo —a pesar de las consecuencias—, entregándose a cada instante como si fuera el último. 

El resto del grupo musicalizó sus últimas canciones de forma póstuma en un disco que no podía llevar otro título: Made in Heaven (1995). En una de ellas, Freddie canta: «El mundo podría ser alimentado /  […] Podría haber amor para todos / Podría ser el Paraíso para todos / Este mundo podría ser libre / Podría estar unido / […] pero vean lo que unos hacen a sus semejantes: / toman sus vidas / destruyen sus anhelos / su orgullo y dignidad / Se despoja y se hiere sin piedad / Cuando éste para todos debería ser el Paraíso».

Freddie Mercury nos dejó la prueba tangible de que el Paraíso existe: se estremece dentro de nosotros cada que escuchamos su voz.

HL

Mercury se asumía como la «Carmen Miranda del rock & roll»; desafió los cánones machistas del género. Junto con Elton John y David Bowie, cuestionó los límites de la identidad de género sin hablar nunca de sus preferencias sexuales 

Antes de morir, Mercury le encargó a su representante que él repartiera su herencia y regalías al resto del grupo a su criterio: «Sólo te pido un favor: no me hagas lucir aburrido»