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El poder de una prenda

falda

La falda

El pasado 3 de junio se dio a conocer que el uniforme con falda para niñas de educación primaria y secundaria ya no sería obligatorio en CdMx, dando paso así al llamado uniforme neutro. La medida anunciada por la jefa de gobierno capitalina, Claudia Sheinbaum, corrió como pólvora -por las razones equivocadas, como señalaron diversos perfiles feministas-.

Resulta que, al desechar la falda obligatoria para niñas, se desprendía como consecuencia lógica que los niños ya no estarían obligados a vestir pantalón, por lo que surgió la posibilidad de que acudieran con falda a la escuela. Esto último fue lo que dio pie a un mar de reacciones, desde las divertidas hasta las escandalizadas, por parte de padres y madres de familia, sectores conservadores y de la sociedad en general. Por supuesto, las redes sociales hicieron eco de las diversas opiniones. Se cuestionó el que se permitiera a los varones vestir de manera “inapropiada” y a voz en grito volvieron a emerger acusaciones de que la “ideología de género” (concepto acuñado por la derecha) imponía una agenda nociva en los planteles escolares, pervirtiendo las mentes de los más pequeños.

Ideologías 

Hay dos cuestiones nodales que mencionar. La primera ya fue señalada por distintas voces (entre ellas, y de manera muy atinada, la de Karina Vergara Sánchez, con su texto Se trata de las niñas, publicado en La Crítica el 4 de junio), ¿era realmente una noticia sobre niños con falda? ¡No! No lo era. Mientras se discutía sobre la masculinidad y el rol social que le corresponde, se perdía el foco de lo más importante: el derecho de las niñas de vestir con ropa cómoda, una que les permita hacer sus actividades con libertad. Y es que la imposición de una prenda como la falda desde corta edad limita los movimientos de las niñas, al tiempo que las convierte en objetivos aún más vulnerables ante los acosadores y la violencia.

Usar falda conlleva que las niñas se vean obligadas a una serie de cuidados, y a enfrentar peligros derivados del uso de esta prenda. Fácilmente puede ser vista la ropa interior, al correr, saltar o jugar, y también al ser víctimas de que alguien les levante la falda de manera intencionada, por burla o broma. Es así que desde muy chicas deben aprender la necesidad de ser recatadas en sus movimientos, lo que termina siendo un impedimento que las pone en desventaja frente a sus compañeros. Si en la escuela es complicado, en la calle no se encuentran a salvo tampoco.

Lo que hay detrás 

Tras la polémica, un par de días más tarde un comunicado de Esteban Moctezuma Barragán, titular de la SEP, explicaba que la medida estaba pensada exclusivamente para las niñas y no para que los niños intercambiaran el pantalón por falda en sus respectivos uniformes. Las buenas y tradicionales conciencias pueden estar tranquilas, ¿o no?

Aquí entonces vamos a la segunda cuestión. La de una sociedad que aún arrastra lastres que le impiden ver más allá de sus prejuicios. Y es que la polémica por la posibilidad de que los niños vistieran faldas fue, además de innecesaria, muy triste y decepcionante, y no solo por la invisibilización de los problemas que la falda causa a las niñas de edad escolar.

¿Avanzamos? 

¿Por qué seguimos adjudicando género a la ropa? Como si una prenda viniera de fábrica con una imposición sobre los cuerpos que deben y pueden usarla. Este tema se extiende a muchas áreas, no solo a las escuelas. Parece inaceptable para algunas mentes que un hombre decida usar unos tacones, una falda o un vestido. ¿Acaso han olvidado que fuimos nosotros quienes pusimos los códigos de vestimenta y etiquetamos a los colores y a la ropa como femenina o masculina? Recordemos brevemente la historia de los zapatos de tacón. Estos fueron usados principalmente por hombres en Persia y Medio oriente, sobre todo para cubrir ciertas necesidades al montar a caballo. Más tarde estuvo presente este elemento dentro de la moda masculina en Europa occidental, siendo un referente de estatus el usar tacón.

Muchas vueltas de la vida y del mundo después ahora tenemos a los tacones como símbolo ¿indiscutible? femenino, y a la falda junto a ellos. Sin embargo, quienes portamos las prendas somos quienes importamos a final de cuentas, no es la prenda la que define la masculinidad o feminidad, sino un constructo social alrededor de nuestra identidad como personas. No estaría mal cuestionarnos esos constructos, detenernos para reconfigurarlos y que cada quien tenga la posibilidad de usar lo que se le dé la gana, sin distinciones de género y sin escándalo de por medio.

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¿Quién escribe?

Inés M. Michel. Lectora irredenta a la espera del apocalipsis zombi. Las letras me han salvado de los hombres grises en múltiples ocasiones. Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror.


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