CERRAR X

Calaveras científicas

En su afán de escribir “de todo y sin medida” (parafraseando al recién extinto Príncipe de la Canción), nuestro autor y asesor científico por excelencia, Luis Javier Plata Rosas, nos escribió estas Calaveras científicas para quienes hacemos y leemos ipstori. Ojalá sean de su agrado. 

por Luis Javier Plata Rosas 

Calavera a Stephen Hawking

Estaba Stephen Hawking bastante ocupado,
preparando para todos sus lectores mexicanos
de sus obras un compendio bastante resumido
y, estando así, la Muerte lo tomó desprevenido.

¿“Brevísima historia del tiempo”? “¡A callar!
“¿Acaso crees que tengo una eternidad
para una “Breve historia del tiempo” soportar?
Ni la ciencia ni leer es mi especialidad”,
la iletrada Catrina gritó con brusquedad. 

“De la física de los agujeros negros,
del Big Bang y el origen del cosmos,
del fin del universo y una Ecuación Final,
no sabré tanto como esta mente terrenal,
pero tengo una experiencia demencial
en lo que Stephen, siempre tan genial,
bien describe como agujeros de gusanos.

Por ellos, ¿con ellos?, Hawking por siempre viajará.    

*

Calavera a Albert Einstein

“El espacio-tiempo es uno solo”:
El asunto tenía su gravedad.
“La luz es partícula y onda
que actúa como la una y como la otra.”
“El polvo se mueve zigzagueante
al chocar con las moléculas del aire”.

“¿Y eso a mí qué?”, la Parca dijo.
De relatividad y de astrofísica
mecánica cuántica y más física
más que harta estaba ya La Tísica.

Vivo/muerto, cual famoso minino,
a Albert Einstein la muerte propuso
al final de su errático camino
un experimento mental definitivo:

“Imagínate en mis hombros, fugitivo,
camino al camposanto, pensativo:
Ya verás, Alberto, que no todo es relativo”.

*

Calavera a Nikola Tesla
Aunque en su laboratorio la era eléctrica inició Tesla
y contra Edison triunfó en la guerra de las corrientes,
su merecida fama en los libros de historia fue pospuesta
por deshonestidad intelectual, por cortas mentes.

Del gran físico y creador de mil y una invenciones,
sepan también que a Marconi adelantó, con transmisiones
de la radio que ideó para un sistema de comunicaciones.
El radar propuso sin éxito al ejército para sus misiones,
y sus estudios sobre rayos X dejó por muy buenas razones.

“¿Cómo es que de esto nada he oído?”, se interesó La Parca.
“Si quieres, el teslascopio te presentaré”, ipstori intervino,
pues ella de Tesla sus logros divulgaba, allá donde Internet abarca.
Contenta con tamaña invención, La Huesuda se dirigió a su reino:

“¡Hágase la luz! Y a Tesla y a los ipstoriadores me llevaré en mi barca.”

*

Calavera a Charles Darwin

Luego de más de dos siglos
y harto ya de las Galápagos,
el gran Darwin llegó a México
con un libro cadavérico:
“El origen de los muertos”.

Le dijeron que una especie,
de estas tierras conocida,
en algo podría ayudarle
con teoría tan retorcida

Nunca imaginarse pudo
la natural selección
e inigualable lección,
que a La Muerte Charlie oyó
camino ya del panteón:

“¡Póngase vivo, mi Carlos!
¿No sabe que en estos rumbos
y habiendo tantos barullos
es que bailan los difuntos?”

Descansen en paz las especies extintas,
por fin con… ¿su creador? No.
Con el descubridor de la evolución reunidas.

*

Luis Javier Plata Rosas (Ciudad de México, 1973), emigró a Ensenada, Baja California, para estudiar Oceanología (UABC), la maestría en Oceanografía Física (CICESE) y el doctorado en Oceonografía Costera (UABC). Luego emigró a Puerto Vallarta, donde trabaja en el Centro Universitario de la Costa, de la UDG, donde realiza investigación de campo. Vive con su esposa (también oceanóloga, también doctora, también Leona UDG), dos hijos y cinco gatas y corre un maratón por año.