J.S. Valmant

Debo agradecer al desempleo y a las circunstancias el gran favor que me hicieron porque ahora, después de muchos más sucesos que aumentaron mi amor, respeto y conocimiento por la literatura, me resulta imposible dejar de escribir.
Nunca quise ser escritor. Es la verdad y siempre me ha gustado decirlo abiertamente cuando se habla del tema. Sin embargo, hace 10 años, cuando se escribía uno de los capítulos más desconcertantes de mi vida, decidí serlo. Resulta y acontece que la víspera al día que decidí ser escritor, las tinieblas invadieron mi morada (no es mi intención sonar poético, pero debo aclarar que me habían suspendido el servicio de luz por falta de pago). Ya imaginarán lo terrible que es vivir sin luz en pleno siglo XXI, pero no hay mal que por bien no venga, tal y como la sabiduría popular nos ha enseñado, porque en el preciso momento que me hallé a oscuras (literalmente), algo se encendió dentro de mí. Lo cierto es que al siguiente día agarré un lápiz y un cuaderno que tenía en el olvido y comencé a escribir con el primer rayo de sol hasta el último; no sé de dónde salían las imágenes, pero allí estaban y había que arrebatárselas al desdichado lápiz que no tuvo más remedio que entregarlas, a pesar de que con cada nuevo amanecer (esto duró alrededor de un mes) su vida se ahogaba entre mi mano y las hojas.

Sus historias

Compresión
Compresión
Inevitable
Inevitable
Helado de chocolate
Helado de chocolate
Mientras Dios observa
Mientras Dios observa
Garrapatas en el hipotálamo
Garrapatas en el hipotálamo
Antes de que los niños duerman
Antes de que los niños duerman
Dos muertos
Dos muertos