CERRAR X

Munch-ips 3. Aguántese, macho

Ser hombre. Te distingues desde lo que escondes entre las piernas. Te distingues de ellas. Las mujeres. Y de ahí, a partir de la oscuridad al final de tu vientre, la distinción se extiende a prácticamente todos los aspectos de tu vida. Eres hombre. Masculino, fuerte, valiente, proveedor, rudo, capaz, irresistible, poderoso, rico, superior. Tus impulsos naturales, salvajes, son lo que te vuelve útil y valioso. Mientras más tosco y barbárico seas, más hombre eres. ¿Dos personajes verdes de sagas del cine te suenan?

Puedes hacer lo que quieras, cuando quieras, a quien quieras, con quien quieras. James Bond te queda corto; Tony Stark es patético comparado contigo. Tomar más, adquirir, robar, arrebatar, te está permitido porque así son las cosas: siempre una batalla con los otros hombres para ver quién tiene más, quién está en la cima más alta. Eres Jimmy Hoffa, Frank Sheeran y Russell Bufalino en El Irlandés; los Corleone en El Padrino; Rafita y Miguel Ángel, en Narcos México.

Debes externar lo que posees; todo el mundo debe saber lo que eres, o mejor dicho, lo mucho que eres. Igual que Jordan Belfort en El Lobo de Wall Street o Eduardo en Cindy la Regia. Tienes todo bajo control, eres el amo de los planes maestros, tu inteligencia es increíblemente superior a la de todos y eres el único con esa genialidad. Walter White, Dexter, Jimmy Neutrón, Sheldon Cooper, Angus MacGyver: genios hay muchos, pero todos son hombres. En el mismo sentido, siempre hay una batalla contra los otros hombres, quienes son tus únicos adversarios meritorios: la fuerza es cosa de hombres. Capitán América contra Red Skull, Iron Man contra Thanos, Hulk contra Abominación, Spiderman contra el Duende Verde, el Santo contra Blue Demon, Batman contra el Guasón.

La solución a los problemas siempre está en el rango entre pegarle a la pared, pegarle a quien tienes enfrente o pegarte a ti mismo: respectivamente, Charlie en Marriage Story, Mario Vargas Llosa a Gabriel García Márquez, o el Príncipe Zuko en Avatar. Y por supuesto, nadie debe cuestionar tu fuerza, tu hombría, y tu obcecada atracción por las mujeres, porque eso es lo que te define como lo que eres. Ni que fueras el Zapata con tacones que salió en Bellas Artes o que te gustara escuchar ABBA. Lo cual, por supuesto, implica que necesitas decir “no homo” cuando das un cumplido o un abrazo otro hombre, y que jamás te harás un examen de próstata. Tampoco se vale llorar nunca: hay que aguantarse como el protagonista de El Renacido; hay que esconder siempre los sentimientos, aún en los peores momentos, como Wolverine cuando está por morir o Cooper al final de Interestelar.

No hay alternativa, tienes que ser masculino. Macho. Pancho Villa con sus dos viejas a la orilla. Y, a propósito, no olvides que siempre debes dominar la conversación y las relaciones con las mujeres (y otros hombres). Siempre es la hora de opinar. Siéntete libre de hacer lo que sea para conquistarla, como Joe Goldberg de You o Ted Bundy.

Eres hombre, tú dominas, tú mandas, tú importas. Puedes tomar las medidas que quieras para conseguirlo, incluida la violencia. Encerrar a tu pareja como a Joy Newsome en Room, torturarla como a Lucie en Mártires, matarla como a Ingrid y Fátima en la Ciudad de México. O cometer 73 feminicidios en tan solo el primer mes de 2020, en todo el país. Recuerda, todo eso e incluso más es tu obligación como hombre. Nada de empatía, de respeto, de silencio. Porque eres distinto a las mujeres. Te distingues de ellas. Te distingues desde lo que escondes entre las piernas. Ser hombre. ¿Qué es ser hombre? Cuando menos, no significa nada de esto.

Munch-ips⚡ por David Jáuregui.

Discutir entre nosotros hombres es indispensable para renunciar a la violencia. Eso no nos debe definir.

Avatar

https://compartir.ipstori.com/?type=story&id=210

Síguenos en Facebook, Twitter e Instagram y no te pierdas nuestras novedades. Descarga la app para Android o iOs y cuéntanos qué te parecen las ipstorias